Jorge Luis Gutiérrez
En este rato
frente al brillo del sol
y frente a la suave
dulzura de la luz
que declina sobre el cosmo,
me doy cuenta
que tú eres
mi agua,
mi aire,
mi fuego,
mi tierra.
Que eres
infinita y persistente.
imperecedera,
perenne,
inextinguible,
pertinaz,
inagotable.
En ti me encuentro
y me diluyo.
En ti me reúno
y me disuelvo.
Y te amo
cuando te mueves
y cuando no te mueves.
Cuando cambias
y cuando no cambias.
Pues eres el Principio:
amoroso y erótico.
Eres la Causa:
primordial y sublime.
Eres Seducción ilimitada:
armonía perfecta
de la forma y del límite.
Concordia consumada:
de la belleza y de la línea.
Eres fuego:
que nunca se extingue:
que me quema y me excita,
me consume y me alimenta.
Eres la imposibilidad
lógica del no ser:
pues eres.
Y siendo existes
y existiendo vives,
y viviendo eres vida.
Y siendo vida eres duración...
Y permaneces en la infinitud:
de nada careces.
Nada te falta:
eres la plenitud del ser.
Y bajo el ardiente sol
yo intento comprender
la infinidad de tu figura.
Intento entender
como la forma y el encanto
se unieron en tu cuerpo.
Y luego percibo
sin más
tu materialidad.
Tu existir sensible,
evidente, sensitivo,
visible, notorio,
patente, indudable.
Y te veo:
estás allí,
estás en el lugar
que ocupas.
Estás en el espacio de tu ser.
Y tu lugar es tu lugar.
Y nada te sobra
y nada te falta:
estás allí
plena y suficiente.
Estás en el espacio
y en el tiempo.
Y eres materia deseada.
Sustancia apetecible.
Y amo
los detalles de tu naturaleza
y la realidad de tu prevalecer.
Amo tu alma:
plena e contingente.
Amo cuando pasas
de la potencia al acto.
De la sensibilidad
a la supra-sensibilidad
Y amo cuando
puedo recorrer
en tiempo finitos
tu complexión infinita.
Amo cuando me
revelas tu ser
y yo sé que eres.
Amo cuando eres suficiente.
Cuando no me faltas,
cuando eres,
cuando no eres ausencia,
cuado eres plenitud.
Cuando tu presencia me basta.
Cuando no eres escasez,
ni vacío.
Cuando soy feliz solamente
porque sé que existes,
y tan sólo porque existes.
Te amo
cuando nada me es escaso
en este universo
porque tú estás aquí.
Y pareciera que en el mundo
no hay nada más que tú:
porque superabundas
y eres profusión a raudal.
Entonces pienso
que en el principio eras agua,
pura agua...
eras agua de lluvia,
agua de una lágrima,
agua de un beso,
agua de un deseo,
agua en la cálida
humedad de tu cuerpo:
humedad primordial,
fundamental,
esencial,
innata,
primaria.
Eras agua...
sencilla agua
en la génesis de tu ser.
Y entonces
pienso en el aire
meciendo tu pelo
e induzco que eres aire...
viento que va y que viene.
Espíritu de esta tierra
asoleada y generosa.
Eres torbellino
que atañe mi alma
y me infunde placer,
eres soplo esencial,
alimento sabroso.
Y luego pienso que eres sol:
que eres llama,
destello y esplendor.
Y te amo cuando el sol
se detiene en tu piel.
Amo verte bajo el cielo,
en la sideral calma
de un medio día.
Te amo cuando me entregas
el fulgor de tu mirar
y dejas en mi alma
el rico sabor de la vida.
Y a tu lado soy grato.
Bajo tu luminosidad
me lleno de gratitud,
y me abro a la suave
expectativa del devenir
y la fraternal lucidez
de la sencillez
de la tarde,
cayendo benévola
sobre tu sonrisa,
por las calles
de una ciudad
abarrotada de vida...
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